En China temen que haya un ‘superpresidente’ con ‘poder ilimitado’

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El domingo se anunció que el presidente chino, Xi Jinping, busca extender su mandato por tiempo indefinido: en China provocó temores por el resurgimiento del caudillismo; en el extranjero generó inquietudes por el posible advenimiento de una nueva era de hostilidad y estancamiento.

Xi, quien ha sido presidente desde 2013, ha intentado cultivar una imagen de figura paterna benevolente en pro del ascenso pacífico de China.

Sin embargo, la decisión que tomó el Partido Comunista de cambiar la Constitución china y abrir el camino para un tercer periodo de Xi intensificó una sensación de resentimiento entre académicos, abogados, periodistas y ejecutivos de negocios de ese país. Muchos han visto con sospecha la manera en que Xi ha utilizado su poder para encarcelar a un gran número de disidentes, reprimir la libertad de expresión y endurecer la supervisión de la economía, la segunda más grande del mundo.

Wu Qiang, un analista político radicado en Pekín y quien ha sido uno de los críticos del mandatario, señaló que el cambio en la Constitución convertiría a Xi en un “superpresidente”.

“Tendrá un poder ilimitado”, comentó.

Los censores del gobierno se apresuraron a bloquear las críticas de la decisión. Hubo memes en internet que mostraban a Xi como un emperador sin respeto por el Estado de derecho, y unos en los que su retrato remplazaba la imagen sagrada de Mao en la Plaza de Tiananmén. En otro, se utilizó un anuncio de los condones Durex y se agregó un eslogan —“El doble no basta”— para mofarse de la idea de que Xi está buscando un tercer periodo.

La iniciativa del partido llega en un momento en que Xi ha proclamado una era de grandeza china, cuando el país, según el presidente, tomará el lugar que le corresponde como una gran potencia a nivel mundial. China ya está situando bases militares en el Pacífico occidental y en África, construyendo infraestructura por toda Asia, partes de Europa y África, y dirigiendo la que Xi espera que sea la economía número uno dentro de dos décadas o antes.

“China cree que está en vías de tener el estatus de potencia mundial y quiere perpetuar la trayectoria que lleva”, mencionó David Finkelstein, director de Estudios de China en CNA, un instituto de investigación con sede en Arlington, Virginia.

Algunos analistas fuera de China destacaron su preocupación de que el mandato individual de Xi pueda empeorar una relación cada vez más tensa entre Estados Unidos y China.

Después de que Estados Unidos pasó años intentando involucrar a China en varios asuntos —desde reformas del mercado hasta derechos humanos, pasando por cambio climático—, en diciembre, en el primer documento de seguridad nacional que emitió, el gobierno de Trump se volvió en contra de Pekín y señaló que China era un competidor estratégico.

Los legisladores en Washington están preparando planes para imponer aranceles a algunas importaciones chinas, limitar las inversiones de ese país en Estados Unidos —en particular dentro del sector tecnológico— y gastar más en el Ejército estadounidense con el fin de mantener su gran ventaja sobre el Ejército Popular de Liberación.

Este mes, en una comparecencia ante el congreso, el director del FBI, Christopher Wray, aseguró que China era “no solo una amenaza de todo un gobierno, sino la de toda una sociedad”.

Es muy posible que Trump vea la consolidación de Xi en el poder como parte de una tendencia global en la cual hay dirigentes cada vez más influyentes y en la que podría incluirse al lado de Xi y Vladimir Putin, el líder ruso, opinó James Mann, autor de The China Fantasy, un libro que contradice la visión popular respecto de que el aumento de la prosperidad generará una liberalización política en China.

“Supongo que no condenará la falta de democracia en China, porque es algo que raramente, o nunca, hace”, comentó Mann en referencia a Trump.

Mann también dijo que el logro de Xi podría no importarle mucho a Trump.

En los más de doce meses en el cargo, “Trump casi nunca ha expresado el tipo de respaldo hacia nuestro sistema constitucional que ha sido parte fundamental de las declaraciones de otros presidentes”, señaló Mann. “No respeta la dignidad ni la integridad de los oponentes políticos. No ha mencionado su apoyo a la independencia de las cortes o la libertad de prensa”.

Así que, si acaso, “creo que lo más probable es que Trump esté celoso”, remató.

Desde Clinton hasta Obama, pasando por Bush, la creencia predominante era que involucrar a China la volvería parecida a Occidente.

En cambio, como lo predijo Mann, China ha tomado la dirección opuesta.

Shi Yinhong, un profesor de relaciones internacionales de la Universidad Renmin en Pekín, mencionó que era probable que a Xi no le preocupara la forma en que el mundo pudiera interpretar su designación como un potencial gobernante perpetuo.

Lo más seguro es que, con un periodo ilimitado, Xi permanecerá en la presidencia después de 2024, el año en que Trump dejaría la Casa Blanca si lograra la reelección.

“Objetivamente, es una razón que vuelve a Xi más fuerte que Trump, a quien el cambio no tiene por qué gustarle nada”, afirmó Shi.

En su país, lo más probable es que Xi tenga un respaldo considerable para un tercer periodo, el resultado de una campaña de años en la que ha marginado a sus rivales políticos y ha limitado el disentimiento. Además, los nacionalistas aplaudieron la decisión, pues describieron a Xi como una fuerza singular que podría restaurar la gloria de la nación.

No obstante, a medida que se ha diseminado la noticia, en las redes sociales de círculos legales chinos se han discutido lecturas de Hannah Arendt, quien escribió sobre los perjuicios de un Estado totalitario, y pasajes de George Washington, quien se retiró después de dos periodos en la presidencia.

Douglas H. Paal, un experto en China del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, mencionó que la medida repentina, antes de que Xi siquiera comience su segundo periodo el mes que viene, sugería que la situación no era “normal” dentro del Partido Comunista.

“Todo esto parece como una máquina a marcha forzada, no una que funciona de manera normal, así que algo está ocurriendo”, comentó Paal. “Xi está ganando, pero se necesitará un buen olfato investigador para descubrir qué. Es un momento fuera de lo común”.

El supuesto poder sin restricciones que tendría Xi tal vez no resulte del modo que él cree, señaló Peter Jennings, director ejecutivo del Instituto Australiano de Política Estratégica y alto exfuncionario de defensa de Australia.

“Los riesgos que correrían sus fortunas personales son enormes”, comentó. “¿Y si el Ejército Popular de Liberación decide que ya no lo necesita?”. Y agregó: “¿Qué sucederá si el crecimiento se desacelera más de lo esperado?”.

Si Xi siente presión dentro de su país y de parte del extranjero, podría volverse impredecible e incluso peligroso, afirmó Jennings. El ansia por más poder personal podría ser el principio de su caída.

“Occidente no debe estar tranquilo con la situación de Xi porque implica que este podría arriesgarse más en el mar del sur de China o en Taiwán”, señaló. “No tiene nada que perder y todo que ganar si recurre a una política más arriesgada, más parecida a la de Putin”.

Agregó: “¿Dónde se ha visto que acabe bien el modelo del ‘presidente de por vida’?”.

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