En ‘Hombre al agua’, Eugenio Derbez se ríe de estereotipos

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Eugenio Derbez es un comediante mexicano muy popular que está abriéndose camino en Estados Unidos; su proyecto de 2017, Cómo ser un latin lover fue, en el mejor de los casos, una historia insignificante pero entretenida en la que Derbez se encargó de hacer reír a los espectadores. Antes de que Anna Faris obtuviera un jugoso papel en la que resultó ser una exitosa serie de comedia (Mom, también protagonizada por Allison Janney), muchos tontos como yo la apreciábamos por ser una comediante formidable y menospreciada. (Véase, por ejemplo, su actuación como una entusiasta de la marihuana que busca con desesperación su deseada provisión en Smiley Face, 2007).

Así que crear una nueva versión de Hombre nuevo, vida nueva (1987) —que en su momento fue una oportunidad para mostrar el talento de Goldie Hawn y Kurt Russell— en la que se invierten los papeles del hombre y la mujer, con Faris y Derbez en los papeles protagónicos, no es mala idea. Después de todo, la original fue del agrado del público, pero no trascendió, así que no hay riesgo de cometer un sacrilegio. Por eso, la película resultante tampoco es deplorable, bajo la dirección de Rob Greenberg a partir del guion de Greenberg y Bob Fisher, adaptado de la historia original de Leslie Dixon. En México se estrenará este 10 de mayo. Al principio, es un poco plana en todos los aspectos, desde los diálogos hasta la iluminación.

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Faris interpreta a Kate, una mamá soltera en Oregon que tiene dos trabajos y también estudia para un examen de Enfermería. Después de que le piden limpiar la alfombra de un yate atracado, conoce a Leonardo Montenegro, un impertinente mujeriego mexicano con el que bromea y después discute (se trata del hijo bueno para nada del tercer hombre más rico del mundo). Su confrontación le cuesta el trabajo a Kate y la deja con una deuda por el costoso equipo de limpieza. Cuando Leonardo cae del yate y termina arrastrado a la orilla con amnesia, la jefa de Kate (Eva Longoria), que también es su amiga, la anima a decirle que es su esposo y hacerlo trabajar para ella.

Leonardo (al que ahora Kate y sus hijas llaman “Leo”) pronto descubre al hombre que jamás fue y que nunca consideró ser: un jefe de familia trabajador, un padre amoroso y un cocinero cada vez mejor. (Kate le consigue un trabajo y ahí conoce a un grupo de albañiles, la mayoría latinos; casi un tercio de los diálogos está en español). Nada de lo que pasa es muy gracioso, pero la situación se hace cada vez más dulce; el aspecto más destacable de esta película es su ternura involuntaria. El chiste más pesado de la película tiene que ver con la falta de habilidad musical de uno de los hermanos de Leonardo.

Mientras salíamos de la sala, un colega comentó que quizá este no es mal momento para pasar dos horas viendo un película tan empalagosa. Conceptualmente, no puedo estar en desacuerdo, pero antes de tomar la decisión de verla, considera el hecho de que esta nueva versión en realidad hace que la original resulte atrevida en comparación.

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