La arquitectura humanista de la mexicana Tatiana Bilbao

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Cuando la arquitecta Tatiana Bilbao recibió el encargo de diseñar casas para las comunidades rurales más pobres de México, su equipo trabajó tres meses en el proyecto antes de darse cuenta de que les faltaba algo.

“Les dije: ‘Chicos, esto me parece bien, pero realmente no conocemos a una sola persona que viva en un espacio como este’”, recuerda Bilbao. “Pensamos que esto es lo que quieren, pero ¿por qué no les preguntamos?”.

Y eso es lo que hicieron. El grupo entrevistó a cientos de personas para diseñar el modelo de una estructura que costara menos de 8000 dólares y construyó dos prototipos en los bosques del sur de México. Luego adaptaron el plan para construir casas a veintitrés familias que quedaron sin hogar por un tornado en 2015 en Ciudad Acuña, Coahuila, en el norte del país.

Es esa empatía la que distingue gran parte del trabajo de Bilbao: así crea una visión de la arquitectura como una plataforma que las personas pueden usar para mejorar su calidad de vida según sus propias necesidades, en vez de tener que adaptarse a las viviendas construidas por planificadores y desarrolladores.

“No estoy ahí”, reconoció durante una entrevista reciente en su oficina en Tatiana Bilbao Estudio, la empresa que fundó en 2004. Pero su esperanza, dijo, es “llegar a ese punto en algún momento”.

Con un amplio portafolio que abarca tanto la geografía de los proyectos como su funcionalismo, Bilbao atrae a un público internacional. En México ha diseñado de todo: desde una casa situada en una ladera boscosa con vistas a la ciudad de Monterrey pasando por un jardín botánico lleno de arte, una funeraria, edificios universitarios y hasta una capilla al aire libre en una ruta de peregrinación católica.

Su trabajo en China y Europa ha incluido un proyecto para diseñar viviendas de bajos y medianos ingresos en un proyecto de renovación urbana en Lyon, Francia, también ha comenzado a diseñar un plan maestro para una planta de energía clausurada en San Francisco, una remodelación que permitirá que la población de los sectores populares de la ciudad tengan acceso a viviendas asequibles, áreas públicas y mercados.

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Bilbao en su oficina de Ciudad de México

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Rodrigo Cruz para The New York Times

“Estamos definiendo una comunidad”, dijo la arquitecta en un tono emocionado, mientras estaba sentada en una mesa larga de su oficina con paredes de vidrio ubicada en un cuarto piso con vista a los árboles que flanquean la avenida Paseo de la Reforma. Entre un proyecto que desarrolla en Monterrey y los viajes para dar clases en las universidades de Yale y Columbia este semestre, fue un día de trabajo raro en Ciudad de México.

“Estamos empezando a diseñar con las personas y pensando cuáles son sus necesidades, no en términos de un dormitorio, baño, cocina, inodoro y lavabo”, dijo con énfasis. “Sino en términos de cuáles son las necesidades de la vida real, cómo deben ser las áreas de descanso, las áreas de retiro, las áreas de exposición, las áreas de intercambio íntimo, el intercambio menos íntimo con la familia”.

Esos valores son lo primero que toma en cuenta, antes que los metros cuadrados, el tamaño del estacionamiento o incluso cómo se verá el edificio. La belleza, dijo Bilbao, es “muy subjetiva”. Luego explicó su afirmación: “Creo que hay cierto conjunto de valores que son universales y definen la belleza: proporción, luz, escala. Eso es universal”.

Bilbao tiene 45 años, creció en Ciudad de México y estudió arquitectura en la Universidad Iberoamericana; además es nieta del arquitecto vasco Tomás Bilbao que huyó a México después de la Guerra Civil Española. Forma parte de una generación de jóvenes arquitectos mexicanos que se han alejado del trabajo icónico y formal, explicó Miquel Adrià, arquitecto y director de la revista arquitectónica Arquine.

“En el caso de Tatiana hay una manera de collage, de unir distintas ideas, unir distintas formas, de armar el conjunto”, dijo, señalando su colaboración con otros arquitectos, un contraste con el concepto de autor que caracterizó la arquitectura de finales del siglo XX.

La preocupación de Bilbao por la vivienda asequible es compartida por muchos de sus colegas en México, quienes observaron horrorizados cómo el gobierno alentaba a los promotores de bajo costo a construir millones de viviendas idénticas en tierras baratas, pero alejadas de las fuentes de empleo y los servicios públicos.

“Esta es la peor parte de la historia, porque nadie aprende de los ejemplos de los demás”, dijo, señalando las leyes francesas que ahora requieren que los desarrolladores incluyan viviendas asequibles en sus proyectos.

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Torres residenciales diseñadas por Bilbao con viviendas de bajo y mediano costo para La Confluence, un proyecto de renovación urbana en Lyon, Francia.

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Jonathan Letoublon

Ahora el gobierno mexicano ha invitado a Bilbao y a otros arquitectos para que aporten sus experiencias con el fin de cambiar esa política fallida. Ella argumenta que los arquitectos pueden aprender de la vivienda informal en América Latina, donde las personas construyen según sus necesidades y capacidades. “¿Por qué no apoyamos eso y les damos las herramientas para mejorar esos espacios con las mismas condiciones, en vez de imponer nuestra visión?”, se pregunta.

Su propio modelo de vivienda popular anuló un mito que le da forma al paisaje urbano de México: un techo plano listo para agregar un segundo piso cuando hay suficiente dinero. A menudo las varillas quedan expuestas hacia el cielo, lo que Bilbao define como “las barras de acero de la esperanza”.

En cambio, sus entrevistas descubrieron que la gente quería que sus casas se vieran listas, con un techo inclinado. En respuesta, Bilbao diseñó una estructura modular que puede crecer en volumen pero no en altura. Se puede adaptar a diferentes materiales, incluidas las tarimas de envío recicladas y diferentes climas. Tres años después de la construcción de las casas en Ciudad Acuña, Bilbao planea regresar este año para hablar con sus habitantes.

Ella también ha estado trabajando con otros arquitectos para ayudar a las personas a reconstruir en las ciudades cercanas al epicentro del devastador terremoto de septiembre. Bilbao dice que las casas que se derrumbaron fueron construidas incorrectamente, pero, para su frustración, muchas personas rechazaron el consejo profesional y simplemente reconstruyeron según sus viejas tradiciones.

Durante mucho tiempo, a Bilbao —quien tiene dos hijas pequeñas— le molestaba ser identificada como mujer en un campo dominado por hombres. Pero ha aprendido a aceptarlo, aunque con cierta incomodidad, y reconoce que le ha traído más exposición.

Al mismo tiempo, cuenta que ya no tiene que desempeñar un papel masculino como le pasaba a las mujeres exitosas en el pasado. “No me importa si estoy en medio de una reunión, si me llaman para decirme que mi pequeña está enferma”, dijo. “Me voy”.

Finalmente, se dio cuenta de que ya no podía dejar de lado su identidad como arquitecta cuando un amigo le preguntó si había alguna mujer en México que pudiera considerar como modelo, así como los arquitectos de todo el mundo admiraban a Zaha Hadid, una arquitecta nacida en Irak que fue la primera mujer en ganar el famoso Premio Pritzker en 2004.

“Entiendo que las cosas están cambiando y necesito abordar el tema para que las arquitectas del futuro ya no tengan que enfrentar preguntas sobre si su trabajo es diferente”, dijo. “Entiendo que esto es algo que recayó sobre mí y tengo que abordarlo”.

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