La selección femenina de fútbol de Estados Unidos demanda a su federación por discriminación – Español

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Las veintiocho jugadoras de la selección estadounidense campeona del mundo presentaron una demanda por discriminación de género contra la U. S. Soccer, la federación de fútbol de Estados Unidos el viernes. Se trata de una escalada súbita y significativa en una prolongada batalla por paridad salarial e igualdad de condiciones de trabajo de las deportistas. La demanda sucede apenas meses antes de que el equipo tenga que defender su título en la Copa Mundial Femenina, en julio.

En la demanda, presentada ante la corte de distrito de Los Ángeles, las veintiocho jugadoras acusaron a la U. S. Soccer –su empleador y el organismo que gobierna el deporte en Estados Unidos– de años de lo que llamaron “discriminación institucionalizada de género”. Los asuntos, dijeron las atletas, no solo afectaban su salario, sino los lugares donde jugaban y con qué frecuencia, cómo entrenaban, el tratamiento y entrenamiento que recibían e incluso cómo viajaban a los partidos.

Los puntos presentados en la demanda reflejaban muchos de los asuntos presentados en una querella por discriminación salarial presentada por cinco jugadoras estadounidenses con la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo (EEOC) en 2016. La falta de resolución y de acción visible en dicha querella llevó a las jugadoras a solicitar y recibir en febrero una carta de la EEOC que les daba el derecho de demandar. La decisión de llevar su caso a la corte federal da por finalizada su querella ante la EEOC.

Las jugadoras –un grupo que incluye a estrellas como Carli Lloyd, Megan Rapinoe, Alex Morgan y a jugadoras suplentes– han solicitado que se les considere como parte de una demanda colectiva. Buscan representar así a cualquier seleccionada actual o del pasado que haya jugado para el equipo nacional desde el 4 de febrero de 2015 –un grupo que podría incluir a decenas de otras jugadoras– y piden salarios retroactivos, daños y otras medidas de alivio: una adjudicación potencial que podría alcanzar millones de dólares.

La U. S. Soccer, que no había visto la queja, no respondió de inmediato cuando le solicitamos un comentario.

La acción de las futbolistas es el último estallido en una batalla por paridad salarial y tratamiento igualitario que hace años impulsan las integrantes del equipo nacional. Desde hace mucho tiempo las jugadoras han expresado irritación –al principio, en privado, pero cada vez más en público– acerca de su salario, apoyo y condiciones de trabajo al representar a la federación de Estados Unidos. Las jugadoras argumentan que se les exige jugar más partidos que al equipo masculino, ganar más de ellos y que incluso así reciben menos paga por parte de U. S. Soccer.

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Megan Rapinoe en octubre

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Cooper Neill/Getty Images

Las demandantes son algunas de las atletas más conocidas en el mundo y su prominencia y disposición de aprovechar sus perfiles públicos y su enorme cantidad de seguidores en redes sociales para su causa ya les ha traído dividendos: por ejemplo, desde 2017 el equipo no ha jugado ningún partido en pasto artificial, una superficie que a muchos jugadores les disgusta y su sindicato se reúne cada dos semanas con la federación para mantener al equipo informado de todo, desde los futuros equipos rivales hasta los campamentos de entrenamiento, el hospedaje y los itinerarios de viaje.

Sin embargo, puede resultar complicado comparar directamente entre la compensación para los equipos masculino y femenino. Cada equipo tiene su acuerdo colectivo con U. S. Soccer y entre las principales diferencias está la estructura salarial: los hombres reciben mayores bonos cuando juegan para Estados Unidos, pero solo reciben pago cuando son convocados al equipo; las mujeres tienen salarios garantizados y reciben bonos muy inferiores por cada partido.

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Carli Lloyd, 10, celebra un gol en el mundial de 2015

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Kevin C. Cox/Getty Images

Los bonos multimillonarios que los equipos reciben por participar en la Copa del Mundo –un fondo de 400 millones de dólares para 32 equipos de varones contra 30 millones para 24 equipos femeninos– son establecidos por la FIFA, el órgano rector del deporte a nivel mundial, no por la federación de Estados Unidos.

A pesar de ello, las estadounidenses han conseguido logros significativos en la mesa de negociación en años recientes. En 2017, más de un año después de agrias negociaciones y una demanda por parte de U. S. Soccer que bloqueaba a las candidatas a la selección a irse a la huelga en la víspera de las Olimpiadas de Río de Janeiro, el equipo consiguió un nuevo acuerdo de negociación colectiva con la federación. Las jugadoras optaron por renunciar a su pedido de paga absolutamente igualitaria a cambio de un acuerdo que no solo incluyera mejor compensación y cambios a las condiciones laborales pero también concesiones que ahora permiten que las futbolistas persigan oportunidades comerciales a través de su sindicato.

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