las armas estadounidenses que llegan a México – Español

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CIUDAD JUÁREZ, México — En un soleado patio de la prisión de esta pujante ciudad fronteriza, un preso de 23 años me explicó con calma cómo cada año traficaba cientos de armas desde Estados Unidos a México.

Me contó que nunca se molestó en pagarles a estadounidenses para que compraran las armas por él. Explicaba que, cuando quería adquirir armamento, iba a una de las muchas exposiciones de armas que cada fin de semana se celebran en Dallas y aprovechaba las dinámicas de esos eventos para comprar armas de fuego sin pasar por una verificación de antecedentes o tener que presentar algún documento de ciudadanía.

Luego regresaba a México con una docena de armas escondidas en refrigeradores y cocinas que transportaba en la parte trasera de su camioneta y las vendía en su ciudad natal, ubicada al sur del río Bravo. Me dijo que el arma que más le pedían era el rifle semiautomático AR-15, que podía comprar por tan solo 500 dólares y lo vendía cinco veces más caro. Se enriqueció mucho más de lo que nunca soñó, compró una casa, camionetas y motos nuevas.

“Al principio me sentía mal, pero luego te acostumbras”, dijo. “Así pasas un buen rato, vendes armas, ganas dinero y te diviertes”. Cuenta que lo atraparon porque su primo lo delató después de una discusión y ahora cumple una condena de nueve años.

Las armas estadounidenses inundan México, arman a los brutales cárteles que han ahogado en sangre a este país, destruyendo familias y expulsando a la gente de sus hogares. Durante un período de seis años, el Departamento de Justicia rastreó más de 74.500 armas de fuego que le fueron incautadas a criminales capturados en Estados Unidos, donde fueron fabricadas o vendidas después de ser importadas desde otros países.

Todavía muchas de esas armas están en manos de pistoleros de los cárteles que todos los días cometen docenas de asesinatos. Un estudio de 2013 de la Universidad de San Diego estimó que entre 2010 y 2012 alrededor de 253.000 armas de fuego fueron contrabandeadas en la frontera sur. Las brechas en la regulación, como lo que pasa en las exposiciones de armas, hacen que sea imposible conocer los números reales.

Por el contrario, en México solo hay una tienda legal de armas de fuego en todo el país. Los compradores deben solicitar permisos que les exigen presentar al menos seis formas de identificación, incluida la prueba de que no tienen antecedentes penales y una carta de su empleador, por lo que el proceso puede tardar meses.

Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se enfurece por los peligros de las drogas y los criminales que llegan desde México, debería considerar cómo Estados Unidos exporta sus propios productos mortales y la devastación que generan. La semana pasada anunció el movimiento de tropas militares a la frontera con México, y los estados han comenzado a desplegar miembros de la Guardia Nacional. Si se va a producir una acumulación de fuerzas, se deben destinar más recursos para detener el contrabando de armas: es necesario implementar operaciones contra los traficantes de armas de fuego y las búsquedas de vehículos en el sur.

En estados como Texas, un migrante indocumentado no puede obtener una licencia de conducir. Pero cualquier persona, incluso un miembro de la pandilla MS-13 sin papeles, puede entrar a una exposición de armas y comprar un rifle semiautomático. Los miembros del crimen organizado se aprovechan de eso todos los días.

A su vez, los criminales de los escuadrones de la muerte usan esas armas en las masacres que perpetran en todo México, un factor que obliga a que las personas busquen refugio a través de la frontera. El sitio Political Asylum USA dice: “La principal razón por la que algunos mexicanos temen regresar a México es por las organizaciones delictivas, en su mayoría, narcotraficantes”.

Por supuesto, México no puede culpar a las armas estadounidenses por toda su violencia. Los políticos y policías corruptos a menudo trabajan con los gánsteres; los barrios marginales con caminos rústicos y la falta de esperanzas generan una corriente de reclutas voluntarios que alimentan los ejércitos de los cárteles.

Pero la disponibilidad de armas potentes les da a los mafiosos mexicanos la capacidad de abrumar a las fuerzas de seguridad. Los cárteles compran rifles de francotirador del calibre .50, que se venden en Estados Unidos, y los han usado repetidamente para atacar a vehículos policiales y militares a distancia. Los sicarios usan fusiles Kaláshnikov hechos en China y la República Checa que son vendidos en Estados Unidos y luego son usados para asesinar en México. Los cárteles tienen talleres donde convierten los AR-15 semiautomáticos en armas totalmente automáticas.

Desde hace más de una década escribo reportajes sobre el crimen en México por lo que he sido testigo de la devastación que esas armas causan en más ocasiones de las que puedo contar. En un semáforo de la ciudad de Culiacán, vi los cadáveres de cinco policías a los que los agresores emboscaron y rociaron con más de 400 balas. He estado en escenas de asesinatos donde los asesinos ejecutaron a sus objetivos mientras disparaban cientos de balas que también mataron a transeúntes inocentes, incluidos niños.

Ver una cabeza destruida por las balas es traumático, pero el costo humano realmente se siente en los hogares,  en los sollozos de madres, hermanos y esposas que lloran por los cadáveres de sus seres queridos. Cuando los jóvenes se reunieron el mes pasado en Washington para denunciar la violencia armada, fue inspirador, pero deseé que ese día los jóvenes también se hubieran reunido aquí en México. En el pasado, cientos de miles han marchado en México contra el crimen y la corrupción.

En nuestro mundo interconectado, los problemas de la violencia armada, el tráfico de drogas y la inmigración son internacionales y tenemos que trabajar a través de las fronteras para resolverlos. Así como México necesita luchar contra los cárteles brutales que obligan a las personas a huir hacia el norte, Estados Unidos necesita frenar el flujo hacia el sur de este devastador río de hierro.

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